Transición socioecológica: arraigada en la resistencia

HOMEF, Nigeria
El equipo de HOMEF debate sobre la transición socioecológica

¿Qué significa realmente «transición» cuando el término ha sido secuestrado por las mismas fuerzas que están destruyendo el planeta? ¿Cómo es la justicia para un pueblo cuya tierra sigue envenenada, cuyos héroes fueron martirizados y cuya lucha el Gobierno quiere enterrar bajo nuevos pozos de petróleo? Y cuando la disfunción se normaliza tanto que ya no podemos verla con claridad, ¿cómo la llamamos y qué hacemos al respecto?

HOMEF reflexiona…

La palabra del mes de HOMEF es «Transición».

El término «transición» describe el proceso de pasar de un sistema, estado o conjunto de condiciones a otro y, en el contexto medioambiental, es uno de los términos más controvertidos de nuestro tiempo.
En su acepción más urgente, «transición» se refiere al cambio de la dependencia de los combustibles fósiles hacia sistemas energéticos que no calienten el planeta, no envenenen a las comunidades ni financien las guerras de los imperios extractivos. Pero debemos entender que la «transición» no es simplemente un proyecto técnico o de infraestructuras, sino más bien un proyecto político. La cuestión nunca es solo hacia dónde estamos haciendo la transición, sino quién decide, quién se beneficia y quién asume el coste.

Pero el término ha sido apropiado por las empresas que han amasado sus fortunas gracias a la extracción de recursos, y ahora utilizan la «transición» como una estrategia de imagen: ofreciendo créditos de carbono, soluciones falsas y versiones «ecológicas» de la misma lógica destructiva. Una «transición justa», en sus manos, se convierte en un traspaso controlado que preserva las estructuras de poder existentes, mientras que las comunidades siguen sufriendo las consecuencias de décadas de destrucción ecológica sin remedio ni reparación.

Pero una transición auténtica es mucho más radical que cualquier propuesta que se plantee. Exige la recuperación de la soberanía comunitaria sobre la tierra, las semillas, el agua y la energía. Requiere reconocer que el Sur Global no ha creado esta crisis y que no se le puede pedir que asuma sus costes. Insiste en que la transición debe basarse en los conocimientos indígenas, la integridad ecológica y los derechos de la naturaleza.

La transición no es un destino, sino unadirección. Y el camino hacia ella deben recorrerlo las personas más afectadas, según sus propias condiciones y a un ritmo que no deje a nadie atrás.